Proyecto Nuevas Floras

María Elvira Escallón. Mayo 2004

 

Si las obras de la serie de Nuevas floras hubieran sido elaboradas mediante un proceso digital o a través de algún procedimiento que conlleve trampa al ojo, estarían cercanas al surrealismo, donde se reúnen en forma aleatoria palabras, objetos o representaciones. Así mismo, imágenes en las que árboles y piezas de mobiliario se hibridan, podrían también provenir de la lógica del sueño, la fantasía o la ciencia-ficción. No obstante, esta índole de clasificaciones no operan en el caso de esta muestra. La reunión de estadios temporales y conceptuales en una imagen -la transformación de vegetal en mueble- tiene lugar en un ser vivo, y no en ámbitos propios de la imaginación.

 

La multiplicidad de lecturas que aboca la obra no permiten rotularla ni clasificarla; así mismo, su carácter polisémico puede ocasionar diversos tipos de sentimientos como asombro, deleite o sobrecogimiento, dado que las imágenes irradian tanto una extraña belleza como una fuerza que atrapa al observador y lo aproxima a un estadio inusual donde naturaleza y cultura se encuentran. Así mismo, las fotografías pueden ocasionar desasosiego, dado que no transmiten un mensaje unívoco en términos de una moral de lo políticamente correcto. Al respecto, no se sitúan en una posición cínica que plantee una supremacía de los hombres sobre la naturaleza, pero tampoco obedecen a una militancia ecológica.

 

La desconexión entre el hombre y el entorno natural se ha ocasionado a través de los siglos y por medio de pasos complejos y sofisticados, que transfiguran el hábitat por vía del artificio. En general, el largo proceso que transcurre entre la tala del árbol y la construcción del mueble está mediado por la desemantización que se genera a medida que el ser vivo se convierte en tronco, madera, y objeto. Estas transformaciones desembocan en un resultado final aséptico, de manera que se rompe la conexión entre el cuerpo manufacturado y su fuente: un ser vivo. Al compendiaren una imagen procesos formales y semánticos que tienen como escenario una compleja relación espacio-tiempo, el observador se conecta con el vaciamiento del significado que ocurre en el paso de la vida a la muerte, cuando el hombre transforma la naturaleza en cultura. En la cotidianidad hacemos uso de todo tipo de elementos (objetos, alimentos, abrigo), para cuya realización ha sido necesario el sacrificio de la vida. No obstante, dichos elementos se procesan y disponen de manera tal que su apariencia encubra cualquier asociación con su origen, y aparezca como un producto de consumo esterilizado.

 

A través de un proceso diferente, Maria EIvira Escallón establece una aproximación cuidadosa[1] a estos seres y, de acuerdo con la investigación y los procesos de intervención que ocasiona, su relación con ellos adopta un carácter casi ceremonial. Las imágenes de Nuevas Floras pretenden hacer visibles los procesos de designificación, y regeneran la conexión entre los objetos y su fuente, de manera que el observador puede establecer una identificación con ellos. La proyección -como el hecho de conferir a otro características o condiciones nuestras-, se constituye en una fuerza que nos permite mantener la sensación de pertenecer a un todo. De esta manera, nos identificamos con el otro, porque su sentir -gozo o dolor- resulta ser un espejo del nuestro, y en ese sentido la obra apela a un punió común entre seres vegetales y seres humanos: todos hemos sido profundamente modelados por la cultura. No sólo encontramos en el reflejo, aquello que hemos vaciado, sino que su sentir obtiene resonancia en nosotros; la proyección se transforma en compasión, que sería entonces sentir con el otro.

Carmen María Jaramillo.


[1] La artista talló los árboles sin intervenir la corteza en la cara oculta a la lente de la cámara.
Mediante este procedimiento no se interfiere totalmente el flujo de la savia y se preserva la vida
del árbol. Por otra parte, la artista explica que su investigación con expertos en botánica y ecología
encontró que los árboles no poseen un sistema nervioso y por ello no sienten dolor. Y agrega: “los
procedimientos de poda nos demuestran la enorme capacidad que tiene un árbol de regenerar su
anatomía”.