Vacui

Ricardo León. Mayo 9 – Junio 8, 2013

 

A la manera de un juego de muñecas rusas, la sala de la galería Jenny Vilà acoge en esta ocasión otra galería, que a su vez contiene otra galería, que incluye otra galería. El proyecto propone una serie de operaciones cuya motivación central es la galería de arte contemporáneo con relación a la tipología del espacio físico de exposición, las actividades del galerista en un marco institucional y el rol de la galería como lugar de promoción y difusión del arte.

 

J.V.

 

 

La opacidad del vacío o la densidad de la transparencia

 

El proyecto Vacui se vale de la estructura de representación conocida como “puesta en abismo” para revisar la instancia de la institucionalidad artística dentro del propio contexto expositivo de una galería de arte. La crítica institucional ha sido una práctica reiterada dentro del contexto del arte contemporáneo durante los últimos treinta años, porque es una opción privilegiada para hacer ver la manera en que “el arte con mayúscula” existe como consecuencia de una construcción institucional. Es por esa razón que las experiencias de originalidad, autenticidad, singularidad o unicidad que suscitan las obras de arte parecer ser activadas por las distintas instancias institucionales entre las que se encuentran los museos, las galerías y las revistas especializadas. El sistema institucional del arte funciona como los marcos de las pinturas, que delimitan lo que puede ser experimentado como arte y lo que no.

 

La pieza de Ricardo Leon se basa en una serie de situaciones espaciales que proyectan el espacio real de la sala, en diferentes direcciones de forma sucesiva. Inicialmente la obra revisa la hipotética invisibilidad de los rasgos arquitectónicos de los lugares destinados a la exhibición de obras de arte —que ha sido una aspiración constante desde la modernidad— para conducir a los espectadores a identificar estos rasgos supuestamente inexistentes a ser entendidos como aspectos físicos o materiales, inseparables del acto mismo de exponer. Con la ayuda de diferentes estrategias formales, como la reconstrucción parcial del espacio, o la simulación de la señalética expositiva, o la alteración del sistema de iluminación; los espectadores irán haciéndose más y más conscientes de la densidad de los referentes arquitectónicos que en la modernidad llegaron a plantearse como transparentes al sentido de la obras. Por la persistencia del color blanco en todos los detalles configurativos, o por el señalamiento al cubo blanco, o por el uso de la iluminación cenital, la obra Vacui hace notar el enorme esfuerzo que se ha invertido dentro del sistema institucional del arte durante la modernidad, para hacer coincidir la idea de la transparencia del sentido del arte con una supuesta invisibilidad de los soportes materiales que sustentan su circulación pública.

 

Después de la primera sala, que parece más un área de circulación, aparece otro espacio, que alude a una oficina, en donde puede verse otro espacio más —un armario— en donde se percibe aun otro espacio adicional -un archivo- que reúne un conjunto de exposiciones a las que solo se alude por su lugar de realización pero en las que se eluden los nombres de los artistas participantes o de las obras expuestas. Este conjunto de espacios parece proponer una equivalencia entre sus diferentes funciones: exponer, gestionar, administrar, divulgar o archivar, que se equiparan en la constante de eludir una referencia a “la cosa real” que proponen las obras, porque estas funciones solo se limitan a enmarcar de muy diversas maneras lo que sería su núcleo de sentido. El proyecto Vacui parece proponer que el sistema institucional del arte puede funcionar aunque ese “núcleo real” esté vacío.

 

Jaime Cerón