La gran marcha –El jardín acosado–

Victor Laignelet. 2 de octubre – 2 de noviembre, 2013

 

La Gran Marcha

–El jardín acosado–

 

Lo  exógeno y lo interior, la distancia social entre lo simple y la ostentación,  lo que va del vacío al barroco o del caos al orden,  atavíos sin tiempo frente a particularismos de ropa con falsas marcas, metarelatos frente a microhistorias o al acto mismo de respirar, narrativas oficiales ideologizadas frente a la historia hermética de la humanidad, discursos de poder frente a la historia de la delicadeza,  las fuerzas naturales  frente al jardín acosado,  la dualidad frente a la experiencia sin tiempo ni lenguaje de la unidad.

 

La Gran marcha aborda una concepción anacrónica y sincrónica de la historia de  la representación en el arte y la cultura que permite, por un lado, entrecruzar con libertad experiencias de carácter no–lineal con una simultaneidad de lazos de sentido, y por el otro, vincular arquetipos (fuerzas psicológicas más allá de la historia) con  singularidades (emergencia de acontecimientos según épocas y contextos culturales). En ambos casos se da la repetición y la diferencia,  lo cual  permite paulatinamente ir configurando estas narrativas visuales a manera de diario o meditación.

 

A  los sistemas de representación se los debe abordar desde una función simbólica en constante movimiento, no tanto desde simbolismo de significados preexistentes producto de consensos o códigos culturales, sino desde el ejercicio de un simbolismo dinámico guiado por la fuerza de las formas y la estética de las fuerzas. En la medida que se desenvuelve  el proceso de dibujar en el espacio y de dar emergencia a  imágenes en el tiempo, la ley de polaridad guía en un principio el hacer y construye narrativas, posteriormente, el ejercicio narrativo despolariza el juego de significados para liberar poéticas que favorezcan nuevas capas de sentido.

 

Las imágenes fijas  y en movimiento  operan a manera de códices sin código, desplegados en varios rollos de papel en el espacio y movilizados en el tiempo en un tríptico de monitores. Dos tipos de narrativas, espacial y temporal, convergen en una tercera virtual,  pues lo que la una oculta la otra revela, pero solo en parte.

 

La Gran Marcha  enfrenta la ilusión optimista de progreso lineal  y la ilusión  de revolución, presentadas  ambas como diferencia pero atrapadas en ciclos de repetición.  Narra una historia del gesto heroico cansado frente a la posible irrupción de un gesto en espiral, la fisura espiritual que rompa los ciclos de tragedia y repetición.

 

Víctor Laignelet