La fabricación de los hechos

Lorena Espitia. 30 de Abril, 2014

 

 

Lorena Espitia traiciona…

 

1. Un fenómeno es “algo que aparece”, pero que no le aparece a cualquiera. Le aparece a alguien que está preparado para aprehenderlo: un investigador. Un investigador está vinculado a un fenómeno, que va apareciendo a medida que lo van investigando. El aparecer del fenómeno es el investigar del investigador.

 

2. Los fenómenos tienen nombres propios, por ejemplo: “El incremento del comportamiento antisocial en las áreas periféricas”, “La consolidación de una relación simbiótica entre la especie nativa y la especie invasora”, “La calcificación del tejido neuronal en pacientes mayores de 25”. Quien investiga un fenómeno busca conocerlo, y conocer un fenómeno es como conocer a una persona, que tiene su nombre propio y sus mañas, sus “idiosincrasias”. El vínculo entre el investigador y el fenómeno es un tipo de amistad.

 

3. Cuando un investigador se ha familiarizado con un fenómeno, procede a explicárselo a otras personas, y contrata a alguien para que produzca una imagen del fenómeno. A través de la imagen tienen acceso al fenómeno personas a quienes el fenómeno no les puede aparecer, porque no están preparadas para aprehenderlo: esas personas son “el pueblo”. El pueblo, que no está familiarizado con un fenómeno, puede conocerlo si entiende su imagen. Pero el pueblo no puede hacerse amigo del fenómeno (sería como hacerse amigo de la foto de una persona).

 

4. El fenómeno tiene la tarea de aparecer para ser conocido. Solo unos pocos pueden verlo aparecer directamente, pero muchos lo pueden conocer en imagen. Y puede haber aspectos del fenómeno que solo se dan a conocer en su imagen, cosas que los investigadores no ven por estar en términos demasiado familiares con el fenómeno. Aquello del fenómeno que es cognoscible solo en su imagen es cognoscible solo por el pueblo. Por eso sin su imagen algunos fenómenos no cumplirían completa la tarea de aparecer, comenzarían a aparecérsele (al investigador) pero se quedarían a medio camino si no terminaran de aparecérsele (en imagen, al pueblo). Quienes producen esas imágenes no son investigadores, son popularizadores. El fenómeno necesita de la popularización para
terminar de aparecer.

 

5. A veces la imagen viene del fenómeno, como un rastro que deja al pasar. Por ejemplo, un encefalograma es como un autorretrato de una turbulencia en el cerebro de alguien. Pero no todas las imágenes provienen de su fenómeno de esta manera. Y las que así provienen de él no dan a conocer al fenómeno si no son legibles. No puedo ver lo que pasó, en el encefalograma, no sé si fue un momento de tristeza o de alegría, si no lo sé leer. Cuando la imagen no es ya una lectura del fenómeno, debe ella misma ser leída. La tarea de hacer legible a la imagen la cumple una parte suya que se llama “el texto”. A veces el texto está adentro, a veces afuera de la imagen; en ambos casos es su parte, porque sin el texto la imagen no cumple su tarea de hacer legible al fenómeno. En este caso la parte hace legible el todo. Tenemos entonces una analogía: El texto es a la imagen lo que la imagen es al fenómeno: su parte, y también su condición de legibilidad, que es también su condición de aparición, que es también su condición de popularización.

 

6. Aparecer, para el fenómeno, es lo mismo que darse a conocer. Se dice que lo cognoscible son las regularidades y no las excepciones. Según  esto, el fenómeno tiene que repetirse para aparecer, es decir: para mostrar sus regularidades. Según esto, algo que apareciera una sola vez no sería un fenómeno sino, justamente, una excepción. Hemos dicho que el aparecer del fenómeno es lo mismo que el investigar del investigador que lo conoce como a un amigo. Pero entonces lo que solo aparece una vez, la excepción, no aparece; la investigación no tiene de dónde agarrarse y la amistad tampoco.

 

7. Pero qué es un fenómeno sino una excepción, y por qué no decir que lo que solo aparece una vez es lo que más aparece. Según esto, las regularidades que las imágenes hacen legibles son aquello del fenómeno en lo que traiciona a su aparición. Se sigue que las condiciones bajo las cuales el fenómeno puede aparecernos, bajo las cuales cumple su tarea (sus condiciones de legibilidad y de popularización), son las mismas que le impiden cumplirla. O mejor, vemos que la tarea del fenómeno no es aparecer para darse a conocer, sino aparecer en grado máximo, aparecer sin condiciones. No somos nosotros quienes ponemos las condiciones bajo las cuales el fenómeno puede aparecer, es el fenómeno el que pone las condiciones bajo las cuales podemos aprehenderlo. Se sigue que no son la preparación, la familiaridad y la amistad lo que nos vincula al fenómeno, sino la ineptitud, la extrañeza y la enemistad. No es el investigador, su amigo, quien está en condiciones de aprehender al fenómeno, sino el pueblo, su enemigo.

 

8. El fenómeno tiene un nombre propio porque es un individuo, y un individuo no necesita aparecer repetidas veces para mostrarse como es. Parece que hubiera unos fenómenos más tímidos, como un cometa, y otros más vendidos, como la salida del sol: unos que se repiten menos y otros que se repiten más. Pero el fenómeno más excepcional es el más fenomenal. Familiarizarse con el fenómeno más fenomenal es difícil, y es por ello que hacen falta investigadores y popularizadores. Todos vemos salir el sol (mentiras, no todos, de pronto ni siquiera casi todos), pero pocos pueden ver aparecer los fenómenos fenomenales. Nuestra amistad con estos fenómenos, algunos de los cuales aparecen en nuestras propias entrañas, es una amistad con sus imágenes. Pero los fenómenos fenomenales no andan en busca de amigos.

 

9. El vínculo entre el fenómeno y su imagen es una traición. Dado que texto es a imagen como imagen a fenómeno, el vínculo entre la imagen y el texto que la explica es también una traición. En nombre de la amistad, la imagen traiciona al fenómeno y el texto traiciona a la imagen. En nombre de la enemistad es preciso traicionar a los traidores. El investigador es el amigo del fenómeno y el pueblo es su enemigo, pero es a su enemigo a quien el fenómeno quiere aparecérsele. En nombre del pueblo Lorena Espitia traiciona, es decir: hace ilegibles las imágenes de algunos fenómenos. Al hacerlas ilegibles las hace visibles, y les abre camino a sus fenómenos. Los fenómenos habían sido popularizados, pero el verdadero vínculo entre el pueblo y los fenómenos está todavía por hacer. Los fenómenos no buscan amigos y el pueblo no busca el conocimiento de las regularidades. Lorena Espitia traiciona la popularización de los fenómenos y lo hace en nombre de ambos: del pueblo y de los fenómenos.

 

Tupac Cruz, Marzo 31 del 2014