Entrevista a Gustavo Niño

Entrevista realizada por [i]Privado (Iván Ordóñez), el 6 de mayo de 2014

 

Iván Ordóñez: ¿Desde cuándo empieza su interés por el arte?

 

Gustavo Niño: En mi familia había un interés en la lectura, y antes que “el arte” o que algún interés específico en alguna disciplina, simplemente me gustaba leer. Leía de todo y por eso alguien me regaló una vez un libro de Duchamp de la editorial Taschen y creo que me quedó una curiosidad enorme sobre ese señor, que había hecho unas pinturas medio normalitas y luego otras cosas que me parecían super extrañas (esas pinturas que son medio cubistas), y después un orinal o una especie de ventana verde de vidrios negros. Con un amigo de la familia, que había estudiado arte en la Asab pero que nunca se dedicó a eso, íbamos muy de vez en cuando a museos; de esas visitas recuerdo mucho una retrospectiva de Santiago Cárdenas en el Mambo y la Colección Rau. Después salí del colegio y la verdad nunca pensé en estudiar arte, lo escogí porque entre las opciones que tenía era lo más parecido a hacer lo que ya me gustaba hacer; es decir, leer, jugar con arcilla, ir a conciertos, etc. Claramente eso resultó ser algo distinto, pero igual me encantó y ahí me quedé.

 

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

 

G.N: Cuando empecé a pintar solo quería pintar y es una actitud que trato de mantener todos los días en el taller, simplemente ponerme a trabajar y hacer lo que me antoje hacer cada día. Supongo que con el tiempo eso podrá ser verbalizado por otros, pero yo prefiero hacerme el de la vista gorda, porque creo que hacer consciente ciertas cosas puede ser una tara a la hora de trabajar. Si tuviera clarísimos mis “problemas estéticos ideológicos o conceptuales” creo que tampoco me correspondería a mí tratar de limitar o incluso de ampliar la percepción de mi trabajo. Desde luego que cada vez hay intereses distintos, como lograr algún tipo de textura, o sacar ideas de algo que me impactó visualmente por la calle, o en un anuncio, o en alguna obra que veo. También dependiendo de lo que uno esté haciendo en el momento, cree que sus intereses son esto o aquello.

 

I.O: ¿Qué técnicas, medios o lenguajes ha trabajado?

 

G.N: La mayoría de mi trabajo se ha desarrollado en la pintura, aunque en este momento estoy haciendo esculturas y dibujos. Es que el arte no se trata de medios, a veces creo que ni siquiera se trata de lo que a uno le gusta. Porque a veces hay ideas que uno siente que debe hacer, así no sea tan divertida o interesante su realización. El ideal con ese tipo de proyectos es poder delegárselos a otras personas para su ejecución. Debo aceptar que hay cosas que me da física pereza hacerlas, pero deben existir. Esa es mi responsabilidad para con mis ideas.

 

I.O: ¿Qué temáticas ha desarrollado en su trabajo?

 

G.N: Más que temas, se desarrollan ciertas acciones. Es decir, lo que me gusta hacer es ver cómo se va conformando una pieza, porque una vez que la termino ahí mismito se me hace aburrida. No me gusta buscarle tema a lo que hago, me gusta encontrarle la forma, el cómo. Hay mucho tema por ahí en el arte, y pienso que hay que ser firmes en que existen otras posibilidades, otras maneras de pensar, no tan literarias y un poco más intuitivas. Creo que existe un pensamiento creativo más complejo que lo meramente narrativo, o incluso que solo lo visual.

 

I.O: ¿Qué artistas han influenciado su trabajo?

 

G.N: Creo que más que influencias hay artistas cuyas obras siempre me gusta ver. Influencias, creería, que puede haber unos artistas cuyas ideas del quehacer artístico siempre tengo en cuenta, como Danilo Dueñas, de quien aprecio más sus enseñanzas sobre ética que la formalidad de sus obras. Algunas discusiones con Fernando Uhía han sido bastante influyentes, a pesar de que por lo general nos damos muy duro opinando sobre el trabajo del otro.

 

Por otra parte, artistas que considere influyentes, pues hay muchísimos, pero me encanta ver a los impresionistas, a los minimalistas; en Colombia me intriga mucho el trabajo de Carlos Rojas, de Rafael Echeverri, Bernardo Salcedo, Luis Hernández Mellizo, Juan Fernando Herrán (cuando hace esculturas), Juan Mejía, Andrés de Santamaría y la lista sigue…

 

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

 

G.N: Individuales cinco y colectivas veintitrés, contando las que hacíamos en la Universidad, o las que nos inventábamos con los amigos.

 

I.O: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

 

G.N: Ya mencioné algunos, pero aprovecho para alargar la lista: Feliza Burzstyn, Giovanni Vargas, Luis Roldán, Guillermo Widemann (colombiano a la fuerza), Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret, Momo del Villar, Manolo Vellojin, Lorena Espitia…

 

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

 

G.N: El arte es arte venga de donde venga. Hablar de arte colombiano me parece que es conveniente y práctico en términos históricos, pero no es la realidad de cómo los artistas piensan y hacen. Sobre todo en un momento en el que los artistas vemos una cantidad impresionante de arte de todo el mundo, ya sea por internet, o porque viajamos, hacemos maestrías o residencias. Eso nos permite ver más allá de nuestro propio ombligo. Por otra parte, al menos en mi caso, tanto en la universidad, como fuera de ella, vi más arte de afuera que de Colombia.

 

I.O: ¿Cree que hay algo que defina una cierta colombianidad en el arte que se produce por colombianos o en Colombia?

 

G.N: No.

 

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

 

G.N: Que es una excelente manera de visualizar las obras una y otra vez, de distintas maneras, que es una de las cosas más importantes para las que se hace el arte. Pero por lo general terminan siendo exposiciones que ilustran algún tipo de idea preconcebida (tal y como se hace cuando se tiene un libro escrito y se buscan imágenes que puedan ilustrarlo) y eso empobrece las obras, y, de paso, le dice a la gente qué “significa” o cómo deben aproximarse a las obras. Creo que una buena curaduría es un poco intuitiva, debe tener un montaje impecable y una concatenación de lo expuesto, más allá de si son obras o no. Las malas curadurías tienen un texto al comienzo, tratan de que los artistas se vean importantes y por lo general van a la fija con lo que se muestra. Ahora que lo pienso, los textos curatoriales deberían estar al final y no al principio de las exposiciones…

 

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

 

G.N: Que es importante distinguir el mercado del arte, del arte. Una vez se entienda eso se puede estar tranquilo con el trabajo de uno. Desde luego, ojalá que el arte que uno hace tenga un mercado, no veo absolutamente nada de raro o de malo en que alguien pueda y quiera mejorar su calidad de vida.

 

I.O: ¿Qué opinión tiene de las ferias de arte?

 

G.N: Son puro mercado y en esa medida está bien. La gente va, muestra lo que hay para ofrecer y trata de venderlo. Lo que sí me sorprende un poco es que cada vez tienen un tufillo mayor a evento académico. Es decir, tratan de que tenga un componente intelectual que no creo que deba tener. Eso hace que el mercado del arte se confunda con el arte.