Instantáneas Personales

Juan Mejía, 9 de noviembre al 15 de diciembre del 2017

 

Los modelos de las Instantáneas personales de Juan Mejía parecen venir de mundos ajenos al nuestro. Me remiten a las aventuras de Rick y Morty, dos personajes animados de una serie popular en Netflix,  que, gracias a una pistola especial, pueden abrir portales interdimensionales y dedicarse a recorrer galaxias lejanas, a visitar dimensiones paralelas y a aventurarse por el espacio y el tiempo sin restricciones. En cada capítulo, estos personajes se enfrentan a  sofás que comen pizza, perros de inteligencia superior que esclavizan humanos, alienígenas especializados en terapia de pareja, cabezas voladoras que exigen canciones para no destruir el universo  y cosas por el estilo. De la misma manera, Juan nos enfrenta a  ejecutivos con cabeza de mosca, cerdos que practican paracaidismo, niños que hablan con los animales, cuerpos humanos controlados por aves posadas sobre sus cerebros, lagomorfos de dotes pictóricas, monstruos celebrando sin parar, médicos que no salvan vidas o nerds que estudian planetas más pequeños que ellos. Incluso nos propone visitar un lugar habitado por monos saltarines, dedicados a practicar el onanismo y el amor libre luego de ser liberados de represiones jamás descritas por la historia.

 

En Instantáneas personales están narrados los viajes de Juan, los cuales fueron motivados por el viaje en sí, sin importar ni el camino ni el destino, recorriendo en ocasiones dos veces el mismo lugar, encontrando nuevos amigos durante la travesía y olvidando a otros.

 

Pero eso sí, las Instantáneas personales de Juan Mejía no son ni instantáneas, ni personales.  Son escenas de películas jamás rodadas, ilustraciones de libros que jamás se escribirán, crónicas de aventuras jamás emprendidas; son polaroids de lugares jamás visitados por viajeros que nunca existieron.

 

-Gustavo Niño