La casa en llamas –jardín acosado–

Victor Laignelet, 22 de agosto al 28 de septiembre, 2018

 

La casa en Llamas

-Del libro del Jardín Acosado-

 

La casa en llamas  es el título de un momento privilegiado del extenso libro visual denominado Jardín Acosado,  este libro se inscribe en un dispositivo de pensamiento en imágenes, una especie de máquina poética de montaje y desmontaje de imaginarios denominado Ergo-x-ergo. El dispositivo opera a partir de archivos heterogéneos de imágenes, esculturas, videos, textos y otras materias y componentes en diversos grados de elaboración plástica.

 

El dispositivo permite disponer imágenes, migrar su sentido y tomar posición de forma provisional a partir de procesos de deconstrucción y construcción continua de  tales imágenes que aspiran a cierta potencia icónica al interior de un concepto de icono que responde al cruce de un doble encuentro; por una parte, el encuentro entre una experiencia visual intensa con una potencia arquetípica latente en esa imagen, y por otra parte, el posible cruce del tal imagen inicial  con su inscripción en un sistema cultural de producción de imaginarios en resonancia con la psiquis individual. El dispositivo, en tanto matriz de imágenes, opera a varios niveles: Imágenes fenomenológicas, imágenes colectivas generadas por diversos sistemas culturales de producción de imaginarios, imágenes interiores y finalmente imágenes arquetipales. Cuando estos cuatro factores parecen ser una posibilidad entonces la protoimagen inicial se inserta en el dispositivo y comienza su aventura al interior del mismo.

 

El dispositivo Ergo-x-ergo está constituido por tres componentes: Ergo, Exergo y Ánemos. Los dos primeros son pizarras grises inmantadas que permiten adosar elementos visuales y plásticos heterogéneos. El terver componente Ánemos es un dispositivo de imágenes en movimiento dispuesto en tres monitores.

 

Ergo, significa: “trabajo” u “obra”, corresponde a la zona superior de las pizarras donde usualmente se disponen secuencias de rótulos (rollos) de papel con dibujos, pintura y textos. La suma de los rótulos vienen a ser los capítulos de un extenso libro que se va configurando a manera de codex.

 

Exergo, significa “fuera de obra”, la zona por debajo de los rollos. Los imanes  posibilitan que imágenes y materialidades diversas se dispongan de forma cambiante y al mismo tiempo enuncien el juego relacional en distintas fases de su desarrollo, búsqueda genealógica y migración de posición, de tal modo que se producen encuentros y desencuentros de tensiones de diverso orden plástico, conceptual y poético gracias a operaciones de desmontaje y remontaje generando migraciones de forma y sentido. Las operaciones de migración y montaje responden a una suerte de ars combinatoria o máquina para pensar constelar o poéticamente en imágenes.

 

Ánemos, el tercer componente, dispone las imágenes fijas en movimiento por medio de una videoanimación realizada a partir del Ergo en la medida que este va tomando forma plástica. En el Ánemos la emergencia de las imágenes en movimiento de los rótulos se ven acompañadas de animaciones realizadas en postproducción o manualmente en animación clásica. Las imágenes en movimiento despliegan una escritura visual permeada por un material sonoro paralelo a su discurrir.

 

El dispositivo permite realizar ejercicios de desmontaje de algunos modos como los sistemas culturales de producción discursiva y de imaginarios controlan la producción de significados. En vez de ocuparse de imágenes políticas el dispositivo pone en juego una “política de las imágenes” como antesala de una “poética de las imágenes”, de esta manera poetiza no sólo lo político sino la forma de leer en imágenes el mundo y procura vincular las fuerzas inmanentes de naturaleza arquetipal que subyacen en las imágenes y en última instancia organizan la vida biológica, psíquica y social, de allí su relevancia y pertinencia.

 

Las tensiones de distintos sistemas de poder que pretenden instrumentalizar las imágenes para darles un lugar y significados fijos con el fin de controlar los imaginarios colectivos se relativizan al hacer de toda disposición posicional una posibilidad de descristalización de significados, irrupción de nuevas tensiones, migración y reposicionamiento, transformando el sentido de manera líquida en un flujo que se resiste a nuestra imperiosa necesidad de fijar significados logocéntricamente. Los imaginarios en tanto constructos colectivos usualmente en conflicto ocurren tanto a nivel de la psiquis colectiva como individual, psiquis que viene a ser la matriz donde lo real se configura imaginalmente antes de verse manifestado en la sociedad, la cultura y la vida individual.

 

Las imágenes son en consecuencia el corazón del dispositivo, en el cual no se espera que el observador descubra significados, ni pretende comunicarlos, sería un malentendido de la función poética del pensamiento visual, el cual es lo contrario a la convencionalización de significados fijados por la cultura respecto a cualquier clase de signos. El lenguaje poético-simbólico, propio del inconsciente y del arte, se resiste a semejante control. El dispositivo facilita migrar y transmutar logocentralidades respecto a los signos que convoca, volatilizando significados fijos y liberando sentido según una máxima de la alquimia referida al acto de creación: Solve et Coagula ( disolver y coagular… en ese orden). La alquimia es una arte, una ciencia y también una filosofía de la transformación de lo manifestado transmutando en la matriz inconsciente los imaginarios que lo construyen. Ahonda  tanto en la vida individual e interior como en la colectiva, política y cultural para señalar los mecanismos ocultos de su relación causal.

 

Las imágenes son uno de los medios más poderosos para el control social o para la transformación y liberación de las contingencias del mundo. Las imágenes mentales son detonadas por el deseo que insemina la matriz mental que aflora como imagen y reorganiza lo biológico, reorienta la psiquis a nivel individual y construye el edificio social a nivel colectivo. La función del logos es instrumentalizar las imágenes siguiendo su orientación como una estrella en la noche del mundo. Un ciclo plástico de transformación individual y colectiva al cambiar la precepción cambia el cuerpo y a su vez la retroalimentación biológica transforma de nuevo la percepción, en esta medida va creciendo la videncia de la mano de transformaciones químicas del cuerpo. Hoy, inmersos en la cultura visual y en semejante batalla de imaginarios y posverdades, es imperativo hacernos videntes como quería Rimbaud en sus cartas del vidente dirigidas su profesor Georges Izambard.

 

El dispositivo invita a observar, contemplar o meditar, a desligar y religar, a deconstruir y reconstruir o a indagar oracularmente, pero en todos los casos exhorta a asumir un papel confiadamente vidente. Un flujo de imágenes parece seguir el curso de la historia en su linealidad, sus utopías progresistas y los conflictos derivados de sus luchas simbólicas o semióticas para controlar o transformar la sociedad humana. A esto lo denomino el orden de la horizontal. Otro flujo responde a la inesperada irrupción del orden de lo vertical; la recepción interior a la voz de las imágenes arquetipales, semejante a la estructura del deus ex machina del antiguo teatro griego por donde descendían los dioses a inmiscuirse y resolver los asuntos humanos.

 

Este acontecer arquetipal  no tiene localización espacio-temporal, sin embargo, es su fuente y génesis, es el flujo de los procesos inconscientes individuales y colectivos. Los antiguos dioses no son sino nuestras poderosas fuerzas psíquicas inconscientes. El jardín es un paradigma del arte, del perenne Arte Real. Se trata de una metáfora del jardín o si se prefiere, de una metáfora de la matriz imaginal, individual y colectiva, pues en modo alguno se hallan separadas. Lo que se insemina en ella se recoge como fruto. Esa es su ley inexorable. Matriz o jardín que en últimas todos portamos, pero si no reconocemos cuál es la verdadera tierra invisible de tal cultivo ignoramos también las singulares artes del acosador del jardín. En esto consiste la metáfora,  en el cultivo de sí y en la participación activa en el cultivo del jardín social, pero este cultivo pasa también por poner la casa en llamas.

 

Víctor Laignelet*

 

*Profesor Titular de la Universidad Nacional de Colombia.