Jardín Ajeno

Rafael Diaz, Agosto 21 – Septiembre 6

 

 

Generalmente pensamos en la pintura como la aplicación de algún tipo de pigmento sobre una superficie plana para dejar una marca permanente. Disfruto mucho trabajar sobre papel por sus condiciones materiales: me gusta la dificultad para su conservación y a la vez su poder para registrar el paso del tiempo; me interesan las narrativas que pueden caber en una hoja y como con gestos simples se puede dialogar con ellas.

 

En Jardín ajeno parto de imágenes determinantes en la historia de la pintura y a través del gesto de doblar el papel mientras la pintura está fresca (decalcomanía) se generan imágenes simétricas que recuerdan al las del famoso test de Rorschach, en el juego de la repetición de acciones sencillas la pintura se vuelve orgánica y revela pistas de luz en nuestras miradas.

 

 

JARDÍN AJENO

Intenté arrancarle hojas al tiempo,

probé sus flores y respiré su veneno,

fui el guardián de un jardín ajeno.

Ahora me dejo acariciar por su fortuna,

la oscuridad sobre nosotros

y la luz que se pasea entre las ramas

Intento arrancarle hojas al jardín del miedo

lamiendo la sal de las plantas,

ahogando los gritos,

escondiéndome debajo de la tierra

Me quedo quieto para que el tiempo me vuelva piedra